Anti-autoayuda

Una cosa es que un hombre en la cárcel comience a especular por el sentido de la vida en general, sobre todo cuando fue acusado de sodomía y cree una irónica versión de la vida, tan personal como sus propios escritos que mantuvieron su vigencia durante cientos de años; otra cosa muy distinta es que un hombre cuyo único mérito es divagar sobre cuestiones que hasta un niño podría apreciar, reciba un premio Nobel por sus trabajos y, como si esto fuera poco, fuera reconocido como Caballero de las Artes y de las Letras. ¡Es un acto de total injusticia! Si a Sócrates le otorgaron cicuta por sus pensamientos, lo mínimo que merece este buen hombre por ser un best-seller a nivel internacional es que le otorguemos la misma distinción, ¿no creen?

Es interesante percatarse de cierto movimiento que promulga la exclusión del libre pensamiento y lo reemplaza con estanterías llenas de títulos como: «Cambia tu vida», «Cómo hacerse millonario», y otros varios que contienen las palabras éxito, vida, sanar, cielo y poder. Es preferible que las personas intenten modificar sus vidas para adaptarlas a pseudo gurús del nuevo milenio a que lean cosas como «Macbeth». ¡No, por favor! No vaya a ser que las personas piensen que existe una puja constante entre quienes ostentan el poder o mujeres como Lady Macbeth cuya ansia la lleva incluso a la famosa frase de rechazar su femineidad en pos de conseguir sus objetivos, una anti-madre según los diversos estudios que analizaron la psicología particular de ese personaje de ficción tan intrigante. Así es que a las únicas personas que les importaría una sociedad estupidizada son aquellas personas que las mantienen como rehenes de la ignorancia para beneficiarse de algún modo.

Ya no se leen libros, ¿pero cuánto tiempo las personas hojean a diario las redes sociales o cuánto tiempo pasan enviando mensajes? Bien, he ahí la respuesta. Si usted es de las clásicas personas que ha cambiado alguna hora de televisión por su teléfono celular o de aquellas que ni siquiera en su propio horario laboral puede despegarse de estar conectado en las redes sociales, usted no sólo es un adicto sino que además, está siguiendo su juego. ¿Qué ve en las redes sociales que tanto le interese? ¡Oh, sí! Las fotografías de otras personas, los comentarios sobre lo alegre que es su vida cotidiana, lo dóciles que son sus hijos o sus fabulosos viajes y gastos… Sin olvidarnos que podemos salvar a personas con cáncer con sólo dar un “like”.

Sinceramente, la vida moderna nos deja estupefactos de lo tan dadivosa que se ha convertido. Entonces alguien debe ir a un cajero automático a retirar su dinero y se encuentra algún mendigo durmiendo allí, pero como no se puede dar like para salvarlo de aquella horrible situación, su pierna pasará por encima o a un lado, tomará su dinero y se marchará a toda prisa del lugar.

Pero estoy siendo demasiado cruel al respecto. Mejor meditemos que, si sumergimos la cabeza en el agua nos ahogaremos, como promulga cierto brasileño. Esa profundidad seguramente lo ha colocado directamente en las puertas del nirvana, porque no creo que un pensamiento tan profundo, tan calador en el alma pueda no provenir de un ilustrísimo maestro iluminado, enviado por alguna deidad que nos ha de odiar demasiado. Ya podríamos olvidarnos de tener un Papa en el Vaticano y podríamos colocar, en su lugar, a alguno de los nuevos gurús que parecen tener la clave para resolver cada aspecto de nuestras vidas con total certeza y, al mismo tiempo, son afortunados millonarios gracias a sus ventas.

Hay gurús que abren las ventanas y el sol inunda su habitación, yo les diría que en realidad el sol no puede “inundar” nada por no ser líquido, en todo caso, el sol tampoco puede “entrar” en su habitación porque no es posible mover semejante bola gaseosa por capricho de un escritor; a lo sumo, los rayos solares se filtrarán en la habitación, pero mejor no me explayo puesto que, posiblemente, distorsione todo al punto de que los rayos empiecen a quemar la habitación esa, aparezcan lenguas de fuego o algo similar y algún autor de ciencia ficción de los años cincuenta lo crea cierto tipo de amenaza alienígena.

Pero cuidado, también dice que las decisiones divinas son misteriosas pero juegan a nuestro favor. Lo empírico se fue al demonio aquí. Si analizamos, ¿cómo, si tan misteriosas son esas decisiones como él dice, puede saber que son favorables? Entonces: a) No son misteriosas, sino que pueden ser conocida por una o varias personas, o, b) Son misteriosas pero él está mintiendo que son buenas para que las personas no vean lo negativo, para que se enfoquen en el placer y no en el dolor, en que lean sin leer el significado de fondo y que, aunque eso sólo sea un placebo lo consideren como si fuera una aspirina.

No se alarmen, no todo es negativo. Este señor también nos dice que las cosas simples son las más extraordinarias pero que sólo los sabios consiguen verlas. Bien, eso sería medianamente razonable para la Edad de Piedra o similar, hoy en día los microscopios pueden ver cosas con las que antes sólo podíamos soñar y los astrónomos tienen la capacidad de visualizar estrellas y galaxias lejanas cuyas formas son hermosas. Técnicamente, un bacilo sería un poco más sofisticado que una galaxia, pero considero que el segundo puede que fuera más “simple” por decirlo de alguna manera, ya que puede que fuera creado millones de años antes que el propio bacilo. ¡Oh, bien!, ese es un punto de vista nomás, puede que tampoco tengamos muy en cuenta el número áureo que existe en incontables seres vivos y quizá ahí le pueda dar la razón al neo gurú de la autoayuda. ¿A quién le importa Fibonacci?

En algo estamos de acuerdo al menos, y es que cada cual tiene su propia forma de aprender. Lo que curiosamente resalta mi mente es que, la mayoría de las personas, gusta de aprender chocándose contra una pared. Cuando alguien les dice: «En la cuadra que sigue me choqué contra una piedra», pocos escuchan realmente; la mayoría oirá sin oír y, como es de esperarse, se golpeará allí y eso es porque somos así, porque estamos apresurados constantemente y porque nadie desea retener la información durante mucho tiempo. Llámese así porque vivimos constantemente bombardeados de información, que uno no puede salir a una autopista sin leer al menos dos docenas de carteleras, o caminar por una calle céntrica sin ver tres, cuatro o cinco decenas de carteles, más los anuncios en la vidriera, más las ofertas que son entregadas como revistas en mano, más quienes promocionan vestidos de perros, focas y payasos algún tipo de producto. Eso porque no estoy pensando en los shoppings, donde llegan a extremos irremediables de publicidad tales como presentar animales vivos en el medio de su hall central. Entonces esta persona llega a casa, pone a cargar su teléfono, se sienta y enciende el televisor o se conecta a internet. Y en la televisión están esas curiosísimas publicidades que concluyen con un «Llame ya», mientras que en internet somos bombardeados por pop-ups, anuncios de curas milagrosas para la caída del cabello o adelgazantes que hacen maravillas en una semana.

En conclusión, es muy difícil retener información hoy en día, sobre todo porque las mentes se han acostumbrado a lo fácil, a retener en la memoria inmediata o en la reciente y no pasarlo a la memoria remota. Pese a ello, muchos recordarán con la memoria sensorial que está más entrenada, que en cierta locación en particular se encuentra una pizzería que hace agua sus bocas sólo con su aroma.

Así que, como verán, es todo cuestión de entrenamiento. La memoria remota, sin complicaciones mentales, se puede entrenar leyendo concienzudamente. ¿Pero quién tiene tiempo de leer cuando esos fantásticos cartelitos con aquella frase tan profunda está en las redes sociales? ¿Y para qué comprobar si lo que dice es de ese autor o no? ¿Acaso Sócrates no hablaba de computadoras ya en su época?

Pero no hay tiempo de filosofar, mejor me voy a comprar el libro que explique en diez sencillos pasos cómo administrar mi propia vida.


Extraído del cajón del desastre de Julieta, comúnmente conocido como “esa carpeta en la computadora que puede tener cualquier cosa”.

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