Mis besos me hacen una cualquiera

Esta es una visión muy personal, sólo para mi hedonista disfrute. Cualquier parecido con algún relato… lo hizo un mago.

Condenadamente sexy, altiva, irasciva, orgullosa. Así es ella.

Haré una aclaración en este momento, sobre mí, no sobre ella (porque este libro se trata de mí, sobre mis inquietudes y amoríos, sobre mí, sobre lo que yo pienso que es el mundo, yo, yo… y la fábrica de yoyo). Me gusta escribir como memo. Sí, un memorándum. “Yo. Ser. Escueta”. Así. Y sobre mí también.

La señorita… perdón, estoy escribiendo correctamente y esto no va así sino estilo memo. Comencemos de nuevo.

La Srita. (se lee “srrita” como “zorrita”) Trenet se todos los días me saca de quicio con sus aires de superioridad. —No es que yo sea una histérica, aunque un par de veces me pongo bastante violenta, mi psicólogo me dice que es una etapa… yo le dije que me las pagaría—. Ella contonea las caderas sensualmente, es su juego, sólo que no me gusta que yo, siendo tan perfecta, tenga que compartir las miradas con ella. Soy como el universo, ya saben, la Tierra y todo lo demás girando a su alrededor. A ella le encanta dejar a todos en un charco de baba… y ese es mi papel.

Tres, dos, uno. Soy psíquica, ella me llamará porque soy yo, la que sigue aquí, soy yo te lo digo a ti.

—¡Pérez, a mi despacho!

Lo he visto cientos de veces. Ella me impondrá su autoridad porque así puede hacerlo, como Dar le hizo a Kerry, como Juliet Ross intentó hacerle a la pobre ciega o como el jefe le hizo a Cameron Roberts, aunque también lo he visto en español.

Ella sisea mi apellido despreciablemente como cada día a los cinco minutos de su llegada. Sé que son cinco porque tengo un reloj atómico en mi muñeca. Cinco, exactamente cinco.

Mis compañeros me miran compasivamente cuando me dirijo a su despacho. Ellos saben que soy la protagonista y tienen que entender que sin mí, esta historia no sería nada, ellos no serían nadie. Por eso me compadecen. Si fuera una situación real, algunos estarían felices de que finalmente tuviera un trago amargo alguna vez, pero no lo es, es mi propio Edén y yo hago de éste lo que quiero. Así que ellos rezan por mí cada vez que nos reunimos.

Para darle mayor emoción al relato, ellos deben rezar con arrodillados con la piel expuesta sobre maíz. Todo sea por la buena circulación de su sangre.

 —Buenos días, Trenet —digo como autómata.

Los diálogos no se me dan bien, así que trato de parecer rígida ante ella para no evidenciar mi carencia de ideas.

—¡Dame el resumen que no tengo todo el día!

—El estudio indica que el 93,5% —ella cabeceó en la silla, cerrando los ojos y roncando sonoramente. Yo continúo, datos tras datos de estadística para que vean cuán inteligente soy, que esta mujer debería valorarme más, que mamá y papá estarían orgullosos de mí, que además soy bonita como el 99,9% de la población mundial cree y que, el 95,3% de la población mundial considera que debería ser declarada la nueva diosa de la escritura.

Mis amigos casi no se acuerdan de mi cara luego de que pasé días enteros inventándome esas dos o tres cifras. Me costó horrores pero ya lo estoy superando.

—… deberíamos colocar más portadas con gente desnudándose. Nunca hay suficientes. Además, ¿sino cómo alguien podría ubicar un libro lésbico? El nombre de un autor no basta, tampoco que lo titulen “Aventuras sáficas, el duelo de la ostra perdida”. ¿Qué son esas palabras raras como “sáfica”?

Ella abre un ojo y me mira adormilada. —¿Estás segura de eso, Pérez? Nos jugamos mucho en esto. Piensa en las horas que nos lleva crear una portada —comenta sin fiarse de mí.

—Completamente —le digo. En esto arriesgo mi cuello.

Le digo, me dice, le digo. No respondo de mí. Recuerden: me-mo.

Le lanzo una mirada digna de Cyclops de los X-Men, rasgando todo a su paso. Ella me sostiene la mirada en una batalla visual épica. Los rayos chocan uno contra otro, parejos, sin definirse en su totalidad.

—Al final de mañana quiero que tengas todo eso listo. ¡Y ahora largo! —hace una pausa y se sonríe—. ¿No salió igual que Bestia de la «Bella y la Bestia»? ¿Verdad que soy histriónica? No puedo evitarlo.

—¿Histr…? ¿Histérica?

—¡Fuera, Pérez!

Salgo del despacho —del cual ni siquiera he descrito ni una silla— con una sonrisa triunfal, de fondo se escuchan las trompetas y una extraña lluvia de laureles cae sobre mí. Sé que ella está molesta porque la miré así, no, esto no es una cosa cuasi adolescente porque no tengo idea de qué están diciendo con todas esas palabras raras. ¡Por favor! Ella continuamente se atiene a su papel porque no quiere ser despedida.

Me dirijo a mi propio despacho mientras pienso en ello cuando alguien me aferra de la muñeca. Observando al infractor, veo que Nadia tiene una pregunta, lo sé por el enorme signo de interrogación sobre su cabeza (ya les coloco un emoticón para describírselo).

—¿Qué ha pasado para que salieras con esas trompetas de la oficina de Miss Jefaza?

No puedo evitar largar una enorme carcajada tipo hiena. Tengo un humor malísimo pero nadie lo dice. TODOS DEBEN REIR DE MI HUMOR. Aprendí de Gerri. Mi amiga siempre me sorprende con apoditos (si, usemos como buenos adultos el diminutivo) para Trenet. La verdad es que nunca ha reiterado ninguno pero me dijeron que eso puede ser porque es la primera vez que dice un apodo, yo no lo creo, en verdad.

—No pasó nada, Nadia. Mejor vayamos a emborracharnos esta noche, a tener vida social.

—Yo tengo vida social.

—Tú no importas. Lo que importa es que me vean intera… interra…

—¿Interactuar?

—Eso. Que me vean hacer eso con algunas personas más así le doy sentido al relato. Tienen que hacerme compañía y mostrar que soy la más linda, la más inteligente, la “más mejor”.

Ella entorna los ojos. —Hecho. Después llamo a los otros tres. Oh, espera los tengo que nombrar y…

—No, no. Ellos no importan.

—Pero tendrás que darme explicaciones.

Le sonrió porque soy así de simpática y entro en mi oficina a terminar con el terrible papeleo, o eso creen ellos mientras juego al Solitario (cualquiera sea el que piensen) allí dentro. La verdad es que soy inigualable, la hago ganar (a la editorial) una fortuna cada vez que tengo una buena idea o, bueno, una enorme publicidad. Yo creo que es mi mérito lo que importa. Que les gusta que escriba tipo mensaje de texto. El 90% de las veces no me equivoco y así lo pongo por escrito porque soy modesta, en realidad quise poner el 99,9% de las veces acierto pero quedaba demasiado mal la coma. Soy un pilar. Sí, mi segundo nombre es Pilar. Soy la mano derecha de la empresa, la que la mantiene a flote, la séptima maravilla del mundo… ¿La ocho? ¡Pero yo quiero ser la siete!

Estoy tan concentrada que casi no escucho el tímido toque en la puerta (ella está acariciando la madera). Alguien osa interrumpirme… pero puede que sea la rubiecita Kerry, así que digo “adelante” porque no se me cae una idea.

—Siento interrumpirla, Princesa. Pero le traje el almuerzo, jefecita.

A continuación, veo que mi reloj que ya no marca las horas. Estas escenas siempre me gustaron así que casualmente cayeron aquí. Siempre tan atenta Kerricita… err… María. Así es María, blanca como el día. Ella me entrega un sándwich y una bebida… una bebida blanca.

—Pensé que tendría hambre.

Ese chiste subtextual es como Tweety, también conocido como Piolín, con su latiguillo de “me pareció haber visto a un lindo gatito”. Quizá sea solo mi imaginación, ¿no? ¿¿¿NO???

Clavo mi vista de Cyclops en ella que inmediatamente desvía la mirada, como juguetea con su pie en el suelo no descrito y bate sus pestañas como sus mejillas toman color. Me levanto rodeando mi escritorio y lanzo un gruñido, así que cuando me acerco a ella, su cuerpo retrocede hasta tocar la pared. Ahora tengo oportunidad de acosarla, de mostrarles cuánto le gusto a las personas, de autojustificar mi propia irresponsabilidad al decir que “a ella le gusto” y tantas otras tonterías, obviando cual si fuera una molestia los malditos Códigos Penales de casi cualquier país. Ahora soy Donald Trump. Ella quiere que la toque. ¡Ya es mía! Pussy! Le susurro un gracias en el oído de manera sensual y le doy un lametón en la mejilla en agradecimiento. Soy tan sexy.

Sé lo que sucederá a continuación. La vícti… la chica saldrá roja como un tomate casi tropezando en su carrera por huir de una escena digna de Atracción Fatal. Pero soy la protagonista. Ninguna denuncia de acoso sexual durante mis labores recaerá sobre mí, aunque lo intentarán con Dar en alguna parte de la serie. ¿Qué era mentira? ¿Ella nunca…? Pero sí… Olvídenlo. Diré que no me percaté, que nunca fue mi intención y que esos detractores de mi argumento están exagerando, como lo hizo Donald.

Sé que le gusto y no solamente a ella. Le gusto a todo el mundo. Lo sé. Sé que soy demasiado modesta al decirlo porque en realidad, le gusto al universo entero, al infinito y más allá. Soy una versión amable de mi jefa mala, malota, pero yo soy buena. Todos me aman. Incluso Thalía escribió su Piel Morena pensando en mí, con mis ojos verdes rasgados me otorgan un aire exótico tan perfecto que parezco salida de algún juego de los Sims.

En el fondo creo que debe haber más que esa muralla en mi jefa, como la llama Nadia. Pero a nadie más le importa, a mí sí porque soy buena.

*

Mis amigos me aplauden al llegar porque soy yo. ¿A ustedes no aplauden a sus amigos? ¿Y por qué de fondo se escucha Bosé cantando “me estoy quedando solo”? ¡Es depresivo! Yo no me quedaré sola, si soy absolutamente adorable.

—Finalmente la Princesa ha decidido descender hasta los bajos con la plebe.

—¿Lo qué? No serías nada sin mí, Máximo Décimo Meridio. Deberás conformarte con tu chica, aunque sé firmemente que soy más sexy, divertida…

—¡Basta! ¡Péguenle! Un par de páginas más y creeremos que es la reencarnación de Afrodita en persona.

Pedro es el único que me levanta y me abraza. Es raro ver a Pedro sin su oveja, pero yo bien podría pasar por una Heidi entrada en años.

—A ver si aprenden algo de Pedro, pedazos de mierda. Ustedes no serían nada sin mí, puedo borrarlos de un plumazo y hacer lo que me plazca mientras me siguen amando eternamente —digo mirando acusadoramente a mis amigos—. Aunque deberían ser menos efusivos, creo que me acabo de quebrar una costilla. Ay, ay.

Pedro se vuelve rojo como un tomate porque me gusta hacerlos pasar vergüenza.

—Las lesiones vienen después. Aprende el libreto —alguien de fondo.

—Vete al diablo, perdedor.

—Menos mal que somos tus amigos, ¡cómo trataras a tus enemigos entonces! Si a nosotros no nos ves más que como un pedazo de mierda.

Cambiemos a más cosas sobre mí. Pedro se ha puesto cada vez más amoroso desde que salimos la última vez, lo recuerdo como si hubiera escrito estas palabras hoy. Colocaré una innecesaria cursiva para darle más tensión al relato:

Estábamos bailando con una borrachera encima. Máximo Décimo Meridio y Padme se fueron a su casa cerca de las cuatro. Nadia había desaparecido y estaba fornicando en los baños como una cualquiera, así que sólo quedábamos Pedro y yo.  Por las miradas que le estaban dando a él, aparentemente era todo un galán, y ya que era la última opción que me quedaba. ¡Vamos! Todos estaban ejercitando sus pelvis y yo acá, bailando como una tarada.

Me agarró por la cintura y vi el deseo en sus ojos (en realidad, ella lo había pisado con el tacón y lo lloroso de sus ojos era por el dolor). Rápidamente, me aparté, tomando el control de la situación porque si hay algo que odio es ceder mi poder.

Me escabullí cuando vi que era una especie de juego. Entonces le susurré a su oído (porque eso es sexy y me encanta mencionarlo):

—¿Qué pretende usted de mí? —cubriéndome los pechos.

—¡Lo quiero todo! —e intentó besarme de nuevo.

Pero rápida como era, me escabullí. ¿Acaso no les dije que tengo además los superpoderes de Flash? Mordiéndole la oreja como le hizo Tyson a Holyfield, le dije:

—No tendrás ni la torta. —No sé qué quise poner, estaba borracha, ¿recuerdan?

 Me acerqué, entonces él intentó besarme de nuevo. ¡Estaba desenfrenado! Y es que yo utilizo el nuevo Axe especialmente diseñado para chicas, la publicidad alude a una experiencia sensual mucho más allá de lo que cualquier feromona podría lograr.

Lo empujé hacia el reservado con cortinas que habíamos pagado porque pensábamos tener sexo, él ya tenía una erección del tamaño del Obelisco porteño como era de esperarse, en ese instante me percaté que alguien más allá me miraba de arriba abajo con deseo en sus ojos. Claramente podía leer: DE en uno y SEO en el otro. Sólo pudo sostenerme la mirada durante un momento entonces… adivinen… No es que sea reiterativa, pero ella la apartó de nuevo.

Dudé sólo por un instante el ir a buscarla. Entonces decidí que era mejor tener sexo que andar paseando y entré al reservado. Así que cuando vi a mi amigo, me dirigí hacia él, pero con la mente en cualquier otra cosa.

—Tierra llamando a Princesa, responda Princesa —grita Máximo Décimo sin los signos de interrogación correspondientes.

—Eso era Mork llamando a Orson —le pego con excusa. En realidad le pego porque sí, porque soy la protagonista y todo está bien en mi mundo.

—Después de que no nos ves hace mil, boluda, ni pelota nos das. Ortiva, forra —dice un argentino en la mesa de al lado, hablando por celular.

—¿Pero qué diablos?

Mi enfado se pasa cuando noto que no es de aquí… Momentáneamente. Caigo haciéndole cosquillas a Máximo Décimo porque tengo una edad mental de un niño de cuatro años de edad, sé que él cederá al final porque es muy sensible, esta será mi vendetta. Finalmente, él pide clemencia y yo le digo que se porte bien o la próxima haré que se mee en los pantalones. Soy tan simpática.

Ya me aburrí de ellos. Me despido en la puerta del pub. No soy una persona muy cariñosa (se nota), pero ellos consiguen que los abrace.

—¿Nos vemos mañana en la tarde, chichis? —dice Padme—. Tengo que ir a comprar un vestido para un casamiento que no importa nada.

—¿Pero la boda no es dentro de cuatro meses?

—No me importa. Quiero porque sino no sé, quiero algo lindo pero no quiero gastar de más, además cuando a mí me gusta algo después no les gusta a los demás y….

—¡Pero mujer! Jamás podrías trabajar para Trenet porque morirías de un ataque de ansiedad. En cambio yo que soy perfecta… —todos se ríen de mi comentario porque soy la protagonista—. Mañana tengo el capítulo que habla sobre el partido y después será domingo. ¿El lunes?

Padme es una de las personas más quisquillosas que existen y me recuerda a mi madre. Pero ya he gastado demasiadas líneas en personas que no importan.

—¿Partido? —pregunta Pedro—. Y yo que iba a sentarme a afilar mis uñas con mi trasero. Genial. Máximo, ¿vendrás no?

—¿Habrá sangre?

—¿Tú qué crees? Es un libro lésbico. Tiene que haber sangre, un marcador parejo y que la protagonista al final consiga el tanto que le dé la victoria a su equipo. Es el cliché más viejo y trillado que existe.

—Claro. No me pierdo esto si está en el guión.

Así que nos quedamos Nadia y yo. Ellos tienen una paciencia de oro para soportar a una mocosa malcriada como yo, pero Padme también tolera a Máximo Décimo y eso ya es mucho decir.

Soy tan buena que abrazo a Nadia por los hombros para que no se sienta nadie en todo el camino a casa. Ella hace un comentario absurdo que, inmediatamente, debo de arreglar porque me olvidé de colocar de dónde carajo salió.

—Pronto arreglaré esto.

Ya no sé cómo decirle que no es Nadie, es Nadia. Piensa que es un estorbo y casi lo es, pero sirve de relleno y para hacerme quedar como la mejor amiga del mundo que auxilia a sus camaradas en las peores circunstancias. Así que en cuestión de un parpadeo llegamos al Ático A, sí, la A de Alfa me sienta muy bien creo yo. Ella entra con su cabeza gacha y casi como un zombie, meneando sus extremidades.

—No seas hija de puta y me arruines la noche con tu depresión. Te lo diré por última vez, esta es tu casa, quiero que estés aquí hasta que yo encuentre algún otro personaje secundario con el cual reemplazarte, así que mientras tanto, tendré tu compañía hasta que tú puedas arreglar tu vida. Y aun cuando la arregles, todavía podré llamarte para que me hagas la segunda. ¿Entendido?

Tengo un carácter de mierda. Casi asmática terminé el monólogo, entonces me doy cuenta de la dureza en mis facciones e intento relajarme con una sonrisa, para que caiga. Le doy un abrazo, un beso en la frente y le digo las buenas noches. Ya me harté de ella por hoy.

Nos escribimos durante un momento antes que me duerma, porque, como ya dije, no es la madurez lo que me caracteriza. Ella continúa inventando apodos para Trenet y diciéndome halagos, mientras que yo me rio y la amenazo. ¿No es así la amistad?

Para mostrar aún más mi inmadurez cerebral adjunto un emoticón de un beso en la historia. Mañana será un día importante: mi día, parte 2.

*

—Un, dos, tres, ¡¡¡CAGONAS!!! —gritamos a unísono.

Es un partido clave, como ya había anticipado, es ganar para quedar primeras en la clasificación y ser las primeras en todo. ¡Es tan importante! Hoy jugamos por diversión al básquet, o eso es lo que yo creo porque soy tan inocente y buena que a veces me da cosa repetirlo. Ellas no sé. Sólo cuando les gusto puedo meterme en sus cabezas, sino no.

Me quedo mirando con orgullo a mis compañeras. Un segundo me dura y entonces me enfoco en mí, porque soy titular como cabía de esperarse, si tengo un buen día no hay quien me detenga porque soy la Máscara. Están coreando mi nombre. Odio que lo hagan. Ya me vengaré de esta. Desde arriba veo como Máximo traga saliva porque tengo una vista de halcón, genéticamente desarrollada sólo para mí. Ahora resulta que no puedo enfadarme con ellos, ¿qué pensarían mis fans? Mejor ocultemos mi agresividad con dicotomía cada vez que sucede.

Oh, Dios. Sé que no esperaban esto pero estamos casi empatadas. ¿Qué cuándo sucedió el partido? Fue tan rápido que ni siquiera lo leyeron. Fue un ¡puf! y pasó… Ok, pedazos de mierda, imagínenlo. Ahora volvamos que estamos en un momento decisivo: podemos perder y yo odio perder.

—Saben que la 10 está buscando problemas. La 10 no tiene nombre, no merece que le digamos Diez siquiera. Ni siquiera tiene una camiseta con su apellido grabado, no. Ella busca pelea…

—¿Cómo busca pelea si ni siquiera sucedió el partido?

—Sólo cállate y escucha, pequeña tonta. Aprende de la altísima literatura. Como el nivel de ellas es inferior al de nosotras, intentarán vencernos por cualquier tipo de medio. Cualquiera —dice luciendo como una psicópata.

—Un, dos, tres. ¡¡¡CAGONAS!!! —gritamos una vez más como porristas.

El juego se vuelve sucio y violento. Misteriosamente, un lodo aparece en la cancha haciéndonos tropezar y caer. Pero vamos al último minuto que es lo que importa, cuando me quito de encima a todas y llego al aro mientras estamos un punto por debajo de ellas. El mundo se detiene. Siempre que observen esos detalles, recuerden que un mago lo hizo. La protagonista en el aro entonces viene la 10 y eleva su codo hacia mi rostro. ¡Oh, mi hermoso rostro! ¿Qué cómo lo veo? ¡Porque tengo vista de halcón y el mago ha detenido las manillas del tiempo! Mi muñeca gira y encesto justo cuando el codo se estrella contra mi ojo.

Caigo de espaldas sobre el parqué, con una mano teatralmente sobre mi frente y gimiendo levemente cual si fuera una diva de los años ‘50. Sé que soy mejor que los jugadores de fútbol fingiendo dolor, lo sé. No puedo ver nada pero inexplicablemente puedo ver a mis compañeras de equipo rodeándome en círculo. El mago lo hizo otra vez. Finjo dolor, tanto dolor.

Entonces unas gotas se deslizan por mi mejilla. ¡La mato! Pero me calmo cuando veo que mis compañeras, tres contra una como unas auténticas Cagonas, le dan su merecido. Al menos no tendré que pasar como una violenta, ahora lo hacen ellas. Mejor, así puedo seguir fingiendo. Hemos ganado por dos puntos, el triple entró, todo ha valido la pena.

Una bandera ondea sobre mí con orgullo heroico de tal gesta extraordinaria acaecida. Una vez más he salvado el día y a la humanidad entera.

Me tienden la mano para ponerme de pie y desean llevarme al hospital. Me niego rotundamente, eso no está en mis planes, debo sufrir aún más para lograr la compasión y generar el respeto de los lectores… y de las chicas. Me vendan la cabeza por completo como una momia, me dijeron que a ver si así se me reacomodaba la única neurona que me quedaba, aunque no sé qué quisieron decir. Así que toda tullida (porque he olvidado mi papel), voy rengueando hacia el vestuario.

Sin poder evitarlo, doy un vistazo hacia las gradas y la veo. Sí, la veo por obra del mago. Pero ella ha desaparecido. Rata Blanca canta de fondo “estrella fugaz, enciende mi sed, misteriosa mujer. Con tu amor sensual, cuánto me das”. Además, me niego a ir a un hospital sin haberme bañado primero para saludar a las enfermeras.

Cuando llego al vestuario, evidentemente la neurona no se ha acomodado porque tomo el celular y le escribo un mensaje a Máximo Décimo. Perdón, un WhatsApp porque aunque Mark no me pague el sponsoreo del partido, espero que algún día lo haga con tamaña obra maestra. Así que le digo a Máximo que necesito ayuda y que “todo está despejado”, como si fuera una policía.

El muy idiota se lo cree. Cuando llega al vestuario, ve a todas las chicas desnudas y queda petrificado en la puerta. Eso sucede cuando eres un alienígena y nunca has visto a una chica desnuda anteriormente. Ellas le arrojan todo lo que tienen a mano, suscitando una imagen de Carrie en versión masculina y con la sangre en otra persona. Cuando terminan de arrojarle cosas, él ve mi sonrisa maliciosa y yo, para que sepa que ya es hora que se le pase la estupefacción y vuelva a adorarme, le levanto un dedo y se va. El dedo medio le levanté, por si quieren saberlo.

Una a una, dejo que todas mis preocupadísimas compañeras se vayan y me dejen totalmente sola. Entonces siento que me desmayo (convenientemente) y alguien me sujeta. Es cuando quedo en negro total.


La verdad que no sé si continuará o no, pero es lo que hay. Además, nadie en su sano juicio le daría un like.

sonrian¡Sonrían!

Anuncios

2 comentarios en “Mis besos me hacen una cualquiera

  1. Destornillante, sardónico, loco muy loco el texto.
    Ritmo trepidante de lectura que te deja sin respiración, sí un memo… un monólogo total. Crítica satírica de los personajes y sus “clichés” en la novela de “Temática Lésbica” es que me gustaa tanto decirlo! ¿Tengo que hacer un análisis de la autora? Brillante e inteligente, pero loca como una cabra montesa!
    Echo de menos (otro truco de mago) todo desaparece y fiuuu…fiuuuu, pum! pam! pum! Fuegos artificiales!!! A pesar del estruendo ellas escuchan mutuamente sus latidos de corazón desbocados y yeaa! Aleluya! Su primer beso tentativo…
    Me falta leer cómo se lo montan en el baño. ¿Lo podré leer en la segunda entrega? Ummmm, todo levita, hasta la taza del váter… Los rollos de papel crean adorables serpentinas brillantes, bajo la luz dorada del atardecer, ¿Más o menos?
    PD: ¿ Efectos secundarios de traductora? Jajajajajaja buenísimo. A sus pies My Lord!

    Me gusta

¿Tienes algo que decir?

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

This site uses Akismet to reduce spam. Learn how your comment data is processed.