Vuelve, oh musa

Háblame, oh Musa, de aquella mujer de multiforme ingenio que, después de destruir la sacra ciudad de Troya, anduvo peregrinando larguísimo tiempo… en busca de su inspiración. ¡Oh, la musa ha desaparecido teñida entre las tinieblas de la nebulosa desidia!

¿Las ideas han desaparecido?

Resulta ser que, como los argentinos somos de todo un poco y sin duda tenemos una creatividad rebosante, he decidido hacer el modesto intento de devolverles la musa a quienes quieren escribir un libro con algún ingrediente (o completamente relleno) de romance. Y para ello he hecho esta selección:

Supongamos que no tienen idea de cómo recrear un problema; y el problema con el problema es que sin problema no hay dilema, no hay argumento.

¿Quién diablos quiere leer cómo comen perdices? No. Primero hay que darle un poco de color, tragedia, aunque a los seres humanos les cueste admitirlo eso es lo que atrapa y lo que realmente aman, así se identifican con ese personaje que nada tiene que ver con ser el súper agente de la CIA o el FBI que se queda con la hija del presidente.

No importa si esto es viejo, los argumentos están ahí. Para una mayor experiencia de los usuarios incluso están las letras en pantalla.

Me causa muchísima gracia que en los comentarios de esta canción lo mínimo que dicen del “A esa” es que es una zorra. Personalmente la frase matadora de esta canción es: “A esa, ¿qué le puede costar hacerte feliz una hora por día?” Rencoroso, sí, realista también. Y con la defensa del él, ella se enoja cada vez más, las mujeres se identifican con ella y lo demás es historia…

Un clásico. ¡Hey, que hasta Marge Simpson escucha a los Pimpinela!

Este es el más clásico de Pimpinela, obligadamente lo coloco aquí. Escuché casi en el 2010 a un par de quinceañeras haciendo una imitación de esto a la perfección, unas criaturitas que nunca vivieron el esplendor de esta canción y que, sin embargo, está en el inconsciente colectivo argentino.

“Olvidate todo, que tú para eso tienes experiencia”, siempre me provoca gracia. Sí, ya sé, un psicólogo diría que me enfoco en la peor parte del conflicto bla, bla. ¿Pero no es eso lo divertido?

Hasta hace algunos años desconocía completamente el trío que hicieron los Pimpinela con Dyango (sí, Dyango con “Y”… Perdónenlo). Me insistieron que escuchara la canción completa y medio de mala gana lo hice. Descubrí un culebrón con todas las letras porque la gracia de esta canción se encuentra justo al final de la canción, pero para entenderla hay que escucharla entera.

Como en casa escuchaban estas canciones románticas de las que no heredé ni un ápice, algunas las conozco, otras me parecen completamente estúpidas aunque, debo admitir, que el “Me hace falta una flor” lo he visto recreado en la vida real y ahora que lo he descubierto ya no podré mirar con los mismos ojos a esa pareja. Ops. Intentaré no reírme cuando los vea.

Así que tenemos ingredientes de amantes, de echar a la pareja, de elucubraciones subrepticias que al final… No, no les voy a contar el final. Pero sí deja volar la imaginación (o la mía es muy fértil, no sé), así que:

¿Se inspiraron en algo ya?

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