La mordaz crítica literaria

frase haruki murakami si solo lees libros que todos leen¿Por qué libros tales como “El Alquimista” de Paulo Coelho son destrozados hasta el cansancio por los críticos literarios? ¿Por qué razón entonces alaban a otros libros como “El extranjero” de Albert Camus?

Para empezar, cualquier apreciación personal es subjetiva, es decir dependerá del sujeto que la analice, de su experiencia personal, de cómo cala interiormente – o no – un cierto texto. Pero mucho más que eso, una crítica literaria se basa en una cantidad de factores que dependerá de quién la analice. Esto es así en muchísimas obras, veamos algunos ejemplos…

Ejemplos entre unos y otros

Tomando al primer texto, “El Alquimista” como ejemplo, podemos comparar su visión con otros autores.

“Por eso te dije que tu sueño era difícil. Las cosas simples son las más extraordinarias, y sólo los sabios consiguen verlas”. Paulo Coelho.

Coelho nos habla de los sueños específicamente, agregando que la simplicidad es sólo vislumbrable por los sabios. Claro que, desde ya que usa un lenguaje coloquial, tan común que uno que incluso cualquier persona que jamás haya tocado un libro más que por obligación en su vida comprendería.

“Considero más valiente al que conquista sus deseos que al que conquista a sus enemigos, ya que la victoria más dura es la victoria sobre uno mismo”. Aristóteles.

En cambio Aristóteles, como filósofo, se enfoca al hablar de sueños en la conquista personal, en el valor de conseguir algo interiormente para satisfacción personal.

Si bien aquí no hay alguna palabra especial, las personas en la actualidad tienden a descartar la filosofía como algo desagradable y rebuscado. En su lugar, la falsa filosofía conocida como “autoayuda”, sabe vender una cantidad incalculable de libros anualmente y ha reemplazado el saber tradicional – y pensado por su autor – por lecciones que podría dar la anciana a la vuelta de casa si la escuchásemos.

“Somos del mismo material del que se tejen los sueños, nuestra pequeña vida está rodeada de sueños”. William Shakespeare.

Aquí tenemos a Shakespeare hablando de sueños, él no era un erudito, y sin embargo usa un lenguaje mucho más decorativo que el mismo Coelho aunque no deja de verse claramente lo que desea transmitir.

“Los que sueñan de día son conscientes de muchas cosas que escapan a los que sueñan sólo de noche”. Edgar Allan Poe.

Exactamente en el punto, Edgar Allan Poe trata la misma temática que Coelho. ¿Es poético? Por supuesto, pero no por ello Poe deja de ser entendible, sus palabras calan mucho más profundamente que las de “El Alquimista”.

Cuando el leer se diferencia del pensar

Realmente la crítica es como una abismal diferencia entre quién ha visto televisión toda su vida y el que la ve por primera vez: si no tienes experiencia, una película pésima como “Mars Attack” podría parecerte una maravilla por sus alocados colores y por la trama un tanto desquiciada.

A quiénes nos gusta leer libros casi todo el tiempo que tenemos disponible, los best-seller como “El Alquimista” de Paulo Coelho, “50 Sombras de Grey” de E. L. James, “El código Da Vinci” de Dan Brown, “¿Quién se ha llevado mi queso? de Spencer Johnson, “Los juegos del hambre” de Susane Collins, “Crepúsculo” de Stephenie Meyer o “Las nueve revelaciones” de James Redfield, por nombras algunos, han sido criticados hasta el hartazgo según su nivel de popularidad.

A muchos de estos libros se les otorga la categoría de robados de otros autores, demasiado simples, con una excesiva orientación a las masas para vender y sin ningún tipo de contenido “real”, o de jugar con falsas pruebas que en realidad no conducen a ningún sitio.

La lógica sería: “Que un libro sea vendido, no significa necesariamente que sea bueno. Generalmente responde como ley a ser lo opuesto”.

Sin embargo, las personas bien informadas aunque no hayan leído estos libros en particular conocen su trama y generalmente su final. Esto es así por la gran difusión de prensa que tuvieron más que por su propio contenido. Peor aun es cuando los propios colegas, los escritores, hablan sobre el best-seller de turno en un lenguaje tan abierto y un sitio con gran cantidad de prensa:

“Al principio de mi carrera vendía tantos libros que los críticos decían: “Si eso le gusta a tanta gente, no puede ser bueno”. Pero empecé joven y he logrado sobrevivir a casi todos ellos. Muchos críticos saben que llevo años tratando de demostrar que soy un escritor popular, pero serio. A veces es verdad que lo que vende mucho es muy malo, por ejemplo “50 sombras de Grey” es basura, porno para mamás. Pero “La sombra del viento”, de Ruiz Zafón, es bueno, y Umberto Eco ha sido muy popular y es estupendo. La popularidad no siempre significa que algo sea malo. Cuando leo una crítica muy negativa, me callo la boca para que el crítico no sepa que lloriqueo. Pero siempre las leo porque quiero aprender, y cuando una crítica está bien hecha, te ayuda a saber lo que hiciste mal”. Stephen King.

Bueno, al parecer Stephen piensa exactamente igual que yo y esto no estaba planificado.

Es así que la crítica literaria depende de quiénes pasan todos sus días leyendo algo nuevo y diferente, no de la misma temática, no del mismo autor, se hace por trabajo o gratuitamente por gusto personal para adentrarse en otros mundos. Así, los críticos tienden a veces a descalificar obras populares por este mismo hecho, tal y como dice King, pero hay unos pocos best-seller decentes y que no han robado abiertamente a otros autores.

En realidad, se sabe de antemano que un autor puede tener ciertas influencias porque, primero, antes de escribir leyó algo que le gustó. Por tanto, podemos ver qué cosas ha leído.

“Si sólo lees los libros que está leyendo todo el mundo, sólo podrás pensar como lo hace todo el mundo”. Haruki Murakami.

Y es verdad, en los medios masivos de comunicación también lo es. Ahora uno puede anticipar de antemano al comenzar una película cómo terminará, que el “malo” será el musulmán como en los años ’80 lo eran los rusos, y el “bueno” será rubio o de tez blanca y ojos claros. Es el estándar de la época que nos llega, el norteamericano. Así como lo es que el latino robará o será un traficante y el oriental estará muy probablemente ligado a negocios, a la Yakuza o algo por el estilo.

Es muy triste continuar consumiendo lo que nos dictan que consumamos porque no hay análisis, alienan a las personas con mensajes absurdos, racistas, bajo contenido y mucha acción o sexo. Y, “somos lo que comemos” podría rectificarse a “somos lo que consumimos”.

Para los que conocen la diferencia entre los anime japoneses (animación) y los dibujos animados tradicionales de occidente sabrán que, en oriente los “malos” tienen sus propias razones para ser de esa forma: una triste infancia, algo que el héroe le hizo, un experimento que terminó con algo, algún ser querido asesinado, la rabia mal dirigida hacia alguien que no tiene culpa, etc. Por fortuna, los medios han comenzado a replicar ese “malo” mucho más psicológico, así nació la trastornada “Callisto” en “Xena: Warrior Princess” durante los ’90 y le dio paso a la famosísima “Kill Bill” en el año 2000 de Quentin Tarantino al dotarla de la psicología de éste personaje y colocarlo en la mente de su “Beatrix Kiddo”.

No es ofensa tomar algo de otras culturas para mejorar la propia, eso es algo que debería haber aprendido toda América tras la colonización del continente, cuando destruyeron todo a su paso por considerarlo inútil.

¿Entonces?

 

No todo lo popular es malo. En realidad, lo que los críticos creen de baja calidad es que el libro no tenga su lírica propia, que su lenguaje sea tan común que bien podría ser el relato de un vecino que no es escritor; también se añaden las tramas simples, que podrían ser contada por cualquier persona con una mediocre imaginación.

Peor aun es cómo valoran el que el libro no realice ningún aporte, no haga pensar al lector que es la función de cualquier libro, incluso de las narraciones, donde no hay sentimientos con los que identificarse, no hay nada.

El libro tiene que llenar el alma, tiene que darle un sentido o visión nueva a su lector. No son creados únicamente para vender, no. Son creados por una necesidad propia del escritor, con sus sentimientos, experiencias, vivencias que lo han tocado muy personalmente y se han transferido al papel para mostrarlas al mundo.

Eso es un libro de verdad: una cosmovisión personal que se transmite por páginas.

¿Y qué es lo que nos transmite algo como “50 Sombras de Grey”? ¿Qué el BDSM está bien? ¿Cuál es el mensaje profundo que podemos extraer? ¿Y en el de “El Alquimista” qué podemos decir? ¿Qué es discurrir sobre el alma con una simplicidad que asusta?

“Solo buscaban oro. Buscaban el tesoro de su Leyenda Personal, sin desear vivir su propia Leyenda”. Paulo Coelho.

Podrían ser los pensamientos de una persona con tiempo de ocio en cualquier sitio. Además, si van a la Wikipedia encontraran un texto llamado “El héroe de las mil caras” de Joseph Cambell que les resume esto en un texto de sociología, pero que en el artículo está explicado brevemente. Las mismas fases que el libro de Coelho intenta copiar con la “Leyenda Personal”, son los doce breves puntos que toca el artículo demostrando que no hay nada nuevo bajo el sol. El brasileño no es un erudito, es apenas un copista de textos que, como las personas acostumbran a leer diariamente, son fácilmente manipulables para que crean como verdades extraídas de algún sabio pensante.

Así que me pregunto, ¿es necesario que se consuma este tipo de textos? No, pero como es popular…

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